Reivindicación de la "Geografía activa" - Un homenaje a Pierre George -
La geografía, en su definición de "ciencia humana", tiene como objetivo el estudio totalizador, y a la vez diferencial, de los múltiples factores condicionantes de la sociedad. A esto se le suman obviamente las particularidades que influyen en la vida de los pueblos que constituyen nuestro mundo, lo cual supera la competencia de las otras ciencias humanas -incluyendo a la sociología- porque se define como investigación de todas las interrelaciones y multicausalidades que están conectadas tanto con el presente como con el futuro de esas comunidades. Algunos definen esta situación como el estudio del "hombre-habitante", en un intento de mostrar lo arraigado que está en el pensamiento geográfico eso de considerar las relaciones entre el hombre y un medio constituido a partir de unas condiciones naturales y unos hechos históricos. Pero ese hombre es un ser dinámico que desarrolla innumerables actividades que generan otros condicionamientos, lo cual supone la existencia de un "hombre-productor". Y hoy parecería ineludible considerarlo "hombre-consumidor y beneficiario de servicios", con lo cual estaríamos ampliando el espectro del análisis económico y social al campo de disciplinas tales como la psicología y la psicología social. O sea que la competencia de la geografía parecería extenderse a medida que lo "humano" avanza y se multiplica exigiendo territorios de investigación cada vez más amplios. Aquí surge su problema, cuando intenta encontrar las relaciones con las disciplinas analíticas que se limitan a un sector vertical particular. No tiene sentido que la geografía realice análisis verticales. Por eso el problema metodológico que siempre se plantea es el del ensamble coherente de los datos de la investigación horizontal que debe realizar la geografía con las investigaciones verticales de cada una de las demás disciplinas. Relacionar los hechos es una tarea muy difícil. Y eso es precisamente lo que le compete a la geografía. Las poblaciones humanas conviven con todos los elementos del medio a la vez y la geografía debe ocuparse de hacer los balances de muchas acciones concurrentes y, en muchas ocasiones, complejas, contradictorias y desiguales. Su objetivo es definir situaciones complejas y exhibir, a partir del análisis de esas situaciones, una gama de posibilidades de opciones a futuro. La geografía se constituye así en una herramienta eficaz capaz de brindar la más amplia información para toda acción política y para cualquier planificación gubernamental.
No en vano Pierre George sostenía que "...la geografía es la prolongación de la historia, pero difiere de ella en el sentido en que la historia es una... mientras que la geografía es plural, porque capta los hechos en el momento en que la situación sigue siendo abierta, en el que los que tienen el poder de decisión pueden operar sobre el juego dialéctico de fuerzas presente."
Allí utilicé la expresión "¿Vale la pena seguir sosteniendo que el otro no tiene nada que pueda sernos de utilidad?". Eso motivó al Licenciado Vicente Di Cione* a escribirme un mail muy interesante y que quiero compartir con ustedes:
"Sin dudas el texto final es un alegato a la convivencia y tolerancia con las infinitas "otredades" que con mayor o menor presencia están hoy por hoy, como decís, en casi todos los ámbitos de la cotidianidad. Y si no están "al lado", seguramente estarán "un poquito más allá" o simplemente más allá en el mismo lugar de los lugares: la Tierra, el mundo.
La cuestión se complica un poco cuando las diferencias culturales se transforman también en diferencias en la cadena de la distribución de ingresos y en formas más o menos incubiertas o explícitas de explotación y de otras distinciones sociales dentro de la misma "unidad cultural" ("Los argentinos somos todos iguales, pero algunos somos mejores y más argentinos que otros"). Esto significa que a menudo muchas diferencias culturales , expresadas fundamentalmente en los credos religiosos, las lenguas, los gustos culinarios, la indumentaria, las relaciones de familia, el comportamiento público, el uso del mobiliario urbano, etc., pueden comprenderse más si se contemplan los procesos de clasificación.
En tu texto te preguntás si "¿Vale la pena seguir sosteniendo que el otro no tiene nada que pueda sernos de utilidad?". Es una pregunta curiosa en tanto invita a ver al otro como "persona que nos tiene que ser útil de algún modo". Los esclavistas, comerciantes de esclavos, proveedores de fuerza de trabajo para las plantaciones del "nuevo continente" (una de las primeras formas de "agrobusiness" en los albores de la globalización) siempre tuvieron la idea de la "utilidad" de los "negros", en especial cuando no pudieron "utilizar" o no alcanzan los "útiles" amerindios. Sobre este tema las justificaciones son de muchos tipos: "no estoy explotando, sino que creo fuentes de trabajo", "que otra cosa pueden hacer los bolitas", "en los lugares de donde vienen están peor", etc. etc.
El día en que la tolerancia a las otredades culturales se acepte: ¿será también el día en que termine la desigualdad, combinación y contradicción entre las clases sociales?.
* Geógrafo, profesor regular de la Universidad de Buenos Aires.
El agua, al moverse en la superficie terrestre, ya sea en estado líquido o sólido (glaciares), representa el factor principal de la transformación y evolución del paisaje. El lento proceso erosivo de las aguas y el consecuente arrastre de sedimentos a lo largo de miles de años ha dado lugar a la formación de grandes deltas en muchos lugares del mundo, y no por casualidad alrededor de ellos se desarrollaron importantes civilizaciones como la china, la del valle del Indo o la egipcia.
"Creo que la valentía es solamente la otra mitad del miedo. Sólo cuando me siento asustado necesito de la valentía... Me preparo muy bien, paso mucho tiempo concentrado en mi visión, en mi fantasía, en mi reto. Antes de emprenderlo ya lo estoy viviendo, estoy planeando, entrenando. Así que cuando empiezo el ascenso estoy tan concentrado que no existe nada más, sólo unos cuantos metros de pared rocosa que estoy escalando y de la cual estoy suspendido. Y en ese estado, todo parece bastante lógico. Ya no hay peligro. El peligro desaparece... Pero la concentración es absoluta."
"El hombre necesita viajar a lugares que no conoce para quebrar esa arrogancia que nos hace ver el mundo como lo imaginamos, y no como simplemente es o puede ser; que nos hace profesores y doctores de lo que no vimos, cuando en realidad deberíamos ser alumnos y simplemente ir a ver".
Un breve comentario -con vínculos interesantes-, a propósito del viaje realizado durante el mes de enero de 2007.
Del otro lado del río Uruguay el espacio rural brasileño está dominado por el "ager" (vocablo latino que significa campo). Más allá de Porto Soberbo son muy escasos los espacios naturales, los "saltus", la parte del espacio rural que no ha sido cultivada. Generalmente esos saltus se localizan en la parte más alta de las sierras, profundamente erosionadas por el paso del tiempo -igual a las que encontramos en el territorio misionero-, constituyéndose en lugares muy poco aptos para el desarrollo de actividades agrícolas. Ahí es precisamente donde subsisten los relictos de la selva que hasta bien entrado el siglo XX cubría gran parte del estado de Rio Grande do Sul.
Existen algunas áreas conservadas, como el Parque Florestal Estadual do Rio Turvo, portal de acceso al Salto do Yucumâ, el salto longitudinal sobre el río Uruguay al que nosotros llamamos Gran Salto del Moconá.
En cambio en la provincia de Misiones, del lado argentino, es posible observar todavía un paisaje más agreste, más original, con extensos saltus, sobre todo en la región más al norte de la localidad de El Soberbio.
Algunas ONG's, como la Fundación Nuestro Ambiente, están empeñadas en defender lo poco que aún queda de la selva paranaense, intentando por todos los medios conservar el corredor verde como único medio de salvaguarda para muchas especies animales en peligro de extinción.
La tala selectiva, practicada generalmente en forma ilegal, ha terminado con la existencia de la mayoría de los grandes árboles que abundaban en la zona.
El sistema agrícola que está desarrollándose en el estado de Rio Grande do Sul responde a las actuales exigencias del mercado mundial, razón por la cual la soja se ha constituido en el cultivo principal.
Municipios brasileños como los de Tiradentes do Sul y Tres Passos han experimentado un notable crecimiento. No en vano Rio Grande do Sul es actualmente uno de los estados más ricos y prósperos de Brasil.
Realidades económicas distintas y problemas de conservacionismo comunes conviven en las dos orillas. Algo para pensar y repensar nuestras estrategias futuras respecto al manejo sustentable de todos los recursos de la región.
Ambos gobiernos deben aunar esfuerzos para salvar lo poco que queda de la selva paranaense. Tendremos que copiar con urgencia todo aquello que pueda beneficiarnos. Porque es casi seguro que el futuro encontrará tanto a Brasil como a la Argentina con serios problemas comunes en cuanto a la degradación del medio ambiente.
Botnia: solución a la controversia entre Argentina y Uruguay.
Siempre sostuve que en la controversia que la República Argentina mantiene con el Uruguay, más allá de los innegables argumentos acerca de la contaminación ambiental que indefectiblemente provocará la planta de pasta de celulosa que la empresa finlandesa Botnia está construyendo en la localidad uruguaya de Fray Bentos, se esconde una enorme trama de intereses económicos y políticos que hacen imposible la suspensión del emprendimiento. Más aún si se tiene en cuenta que Botnia ya ha concluido casi el 75 % de sus obras. La enorme planta de procesamiento comenzará a engullir en 2007 miles y miles de toneladas de madera de eucaliptus provenientes de las plantaciones que cubren extensas zonas del territorio del vecino país. Por lo tanto su puesta en marcha es inminente y aunque mal nos pese constituye un hecho consumado. En los últimos días la situación se ha tensado debido a la reanudación de los cortes de ruta que impiden el tránsito en ambos sentidos en el puente internacional que une la ciudad argentina de Gualeguaychú y Fray Bentos en la otra orilla del río Uruguay, y a la movilización de tropas del ejército uruguayo para “resguardar la seguridad” en los terrenos adyacentes a las instalaciones de Botnia. El nivel de la controversia, lejos de minimizarse, ha aumentado peligrosamente, sobre todo con esa “ayuda” del presidente uruguayo arrimando aún más leña al fuego. ¿Hasta dónde estaremos dispuestos a tensar el hilo? ¿Cuál de las dos naciones tirará más para intentar cortarlo? A esta altura de los acontecimientos, y a pesar de las críticas agoreras de siempre, soy absolutamente optimista y entiendo que no debemos desesperarnos. Ya verán cómo la solución aparecerá tarde o temprano como por arte de magia. Porque así como la planta de Botnia va ha comenzar a funcionar el próximo año, es también muy cierto que la misma va ha contaminar el ambiente. Y como la contaminación afectará directamente a ambas naciones, la determinación de dirimir la controversia deberá ser encarada mediante la creación de una comisión supervisora binacional, o en todo caso por alguno de los organismos internacionales que se encargan de controlar y minimizar el riesgo de contaminación. Pero me da la impresión de que aún no es el momento, y que hay que dilatar todavía un poco más ese tipo de anuncio. Hay que estirar un poco más el tema, desgastar más a los vecinos de Gualeguaychú, minimizar los efectos e intentar olvidar las causas que nos condujeron a la situación actual. Ya falta poco para 2007. Entonces sí, cuando lleguemos a ese año electoral para la República Argentina, las autoridades nacionales decidirán tomar el toro por las astas y podrán sacar a relucir todo su “paquete de soluciones”. ¡Dios quiera que me esté equivocando!...El tiempo sigue pasando y es favorable a Botnia, que avanza y avanza con sus obras. Tiempo es el que necesitaremos argentinos y uruguayos para recuperarnos y restablecer las excelentes relaciones que construimos a lo largo de los últimos doscientos años y de las que tantos libros de texto no se cansaban de resaltar como de excelentes lazos de fraternidad y convivencia pacífica entre dos naciones hermanas.
Tim Unwin, en su texto "El lugar de la geografía" -Longman Group UK Limited, 1992-, ilustra la imagen de la geografía en la sociedad con el siguiente relato: "En la obra The geographer at work... Peter Gould (1985, páginas 14 y 15) afirma que "la mayoría de la gente no sabe de qué se trata la geografía moderna". El libro empieza con la historia de una fiesta en la que se mantiene la siguiente conversación:
-¿Y a qué se dedica usted?- preguntó ella. -¡Oh! -contesté agradeciendo la tan socorrida pregunta-, soy geógrafo. Al decirlo, sentí cómo la superficie firme y uniforme se tornaba en el ya acostumbrado cenagal. Ninguna necesidad había de que formulase la siguiente pregunta, pero lo hizo.
-¿Geógrafo? -Sí... eso mismo... geógrafo -dije con esa seguridad calladamente entusiasta que sale tan fácilmente de la boca de los médicos, ingenieros, pilotos de líneas aéreas, camioneros, marineros y vagabundos...
- Geógrafo, ¿en serio...?, ¿y qué hacen los geógrafos?...
Parque Nacional El Palmar - Entre Ríos - Argentina
"Viajar es, en esencia, moverse hacia un espacio desconocido. No se concibe el viaje hacia lo conocido, hacia el espacio donde consumimos nuestra cotidianeidad... Traspasar los límites del espacio conocido no es un acto corriente. Lo corriente es moverse en un espacio cargado de lugares familiares, de símbolos culturales plasmados en el paisaje. Se trata, de hecho, del dualismo ancestral entre espacio cotidiano y no cotidiano, entre espacio conocido y no conocido, entre espacio utilizado y no utilizado. El viaje es en verdad viaje cuando se convierte en algo gratuito, libre, no necesariamente asociado a una finalidad concreta. Es la movilidad entendida como fuente de libertad y de transgresión, como acto de rebeldía fugaz y efímero contra los constreñimientos de la cotidianeidad". JOHAN NOGUÉ -prof. de Geografía Humana, Universidad de Girona, España-
La antropóloga Rossana Reguillo dice que los jóvenes latinoamericanos oscilan entre la inclusión y la marginación social, y que los seduce el vivir el "día a día" y la violencia. Cree que la protesta de los estudiantes en Chile muestra una repolitización incipiente entre las juventudes del continente.
Me he tomado el atrevimiento de transcribir un discurso que contiene un fuerte alegato en defensa de las culturas originarias del continente americano. Una búsqueda de respuestas en nuestras propias raíces para comenzar a caminar hacia el futuro. Su autor, el Lic. Daniel Cesario, es uno de mis exprofesores de nivel terciario. A él debo gran parte de mi actual formación, razón por la cual siempre estaré en deuda con él. El texto ha sido transcripto tal como fue escrito, desu puño y letra, a partir de una fotocopia que él me cedió gentilmente en su momento.
La erosión hídrica es un problema muy grave. Gran parte de los suelos de la República Argentina se ven afectados por este fenómeno.
Aldea Santa María es una pequeña localidad de la provincia deEntre Ríos que fue fundada por los alemanes del Volga y es actualmente la Capital Provincial de laConservación del Suelo.
Un artículo resume una extensa investigación que llevé a cabo en el año 2004 y que actualmente se encuentra publicada en su páginaoficial.
1er. Foro Distrital de Jóvenes “El derecho del joven a ser escuchado: hablar, participar y decidir”.
El encuentro, al que asistí con un grupo de alumnos de EGB 3 y de Polimodal[1] del Instituto San Pedro Julián Eymard de la ciudad de San Martín, tuvo lugar en el Colegio José Hernández de Villa Ballester el pasado viernes 15 de septiembre.Después de los trámites formales de acreditación se formaron las comisiones de trabajo, y los docentes que acompañábamos a los distintos grupos fuimos invitados a integrar las comisiones en carácter de “adultos observadores”.Como era de esperar, al principio costó bastante romper el hielo; pero con el correr de los minutos el clima se fue distendiendo. Y debo reconocer que quedé gratamente sorprendido por el excelente nivel de los participantes, el clima cordial en el que se desarrolló el debate y la preocupación que manifestaron los adolescentes con respecto a problemáticas de origen muy diverso, pero sin apartarse del tema principal que debían tratar. Y convengamos que el amplio espectro que abarca la diversidad cultural no es un tema fácil de debatir.Expusieron con claridad sus ideas, contaron sus experiencias, propusieron otras y coincidieron al momento de denunciar la falta de compromiso que mostramos la mayoría de los adultos al momento de asumir responsabilidades tendientes a generar cambios sociales positivos.Fueron muy críticos cuando tocaron temas relacionados con la corrupción existente en todos los organismos del Estado, la escasa participación del mismo en los problemas sociales más acuciantes, la impunidad con que se manejan sus funcionarios y el trabajo infatigable y anónimo que miles de argentinos llevan adelante cada día en muchos barrios humildes del conurbano bonaerense y en los lugares más remotos de nuestra geografía.Muchos interrogantes y muchas demandas; pero también muchas ideas y excelentes compromisos de acción directa: ayuda a los más humildes, inclusión de todos sin diferencias, difusión de estos temas tanto en el ámbito escolar como familiar y comunitario, y lo que quizás haya que destacar como el resultado más interesante del encuentro: un reclamo generalizado de continuidad de este tipo de encuentros juveniles; necesidad, al fin y al cabo, de ser escuchados, de hablar, de participar y de decidir.El último párrafo del texto que elaboraron a modo de conclusión del trabajo en comisión resume el objetivo buscado a través del foro: “…intentar, dentro de la heterogeneidad de la sociedad, arribar a la verdadera unidad en la diversidad”.
[1]Los alumnos participantes fueron en representación de sus respectivos cursos: por 7ºA, Brian Rueda y Matías Bazzana; por 7ºB, Ailén Ávalos y Macarena Décima; por 8ºB, Belén Olguín y Estefanía Ávalos: por 2º año EGEOR, Soledad Ganiele y Yésica Filiberto, y por 2º año Cs. Naturales, Agustín Ordóñez y Florencia Ballester.-
Debemos reconocer que estamos inmersos en una situación nunca antes vivida por la humanidad. Los adelantos científicos y tecnológicos nos han alterado la idea que teníamos de tiempo y espacio. Todo parece ocurrir más rápidamente y todos los lugares parecen estar cercanos. Al menos para los que podemos contarnos entre los privilegiados partícipes de esta nueva edad histórica a la que algunos aún le están buscando un nombre y muchos otros ya denominan “alta modernidad”. Y en este nuevo mundo parecería que prácticamente todo se encuentra a solo un clic de distancia. Ya no existen barreras culturales y todos formamos parte de una nueva cultura global. Nos inunda la información en forma constante, y parecería que cuanto más avanzamos en conocimientos, más perplejos quedamos al darnos cuenta de cuánta diversidad existe en el planeta. Miles de etnias con sus idiomas y dialectos, cientos de cultos, creencias y religiones, melodías por demás diferentes, actividades artísticas sumamente variadas, distintas formas de estructuras sociales y cientos de platos típicos exquisitos. Podríamos seguir enumerando por un largo rato los miles y miles de ejemplos que a diario nos presenta la diversidad cultural del mundo actual, de esta “aldea global” a la que muchos se niegan a integrar, más allá de que coincidamos o no en sus argumentos. Pero no podemos escaparle a la idea de que el pluralismo cultural nos rodea. Todo, absolutamente todo, se ha diversificado. La economía se ha globalizado y las culturas se han desterritorializado. La diversidad cultural nos envuelve y es tan común que casi pasa desapercibida ante nosotros. Los jóvenes no han sentido el impacto tanto como los adultos. Es claro, nacieron formando parte del mismo. Y ellos son los que están llamados a no desaprovechar este momento. Un momento que quizás no se presente nunca más en la historia de la humanidad. Pensemos que podríamos estar ante la única e irrepetible posibilidad de comenzar a cambiar. De ellos dependerá si se suben o no a este tren de la diversidad. Una oportunidad única, de la que sin dudas dependerá el futuro de nosotros, de ellos y de las futuras generaciones. Son los jóvenes los que deben abordar ese tren y conducirlo hacia la tan deseada unidad de toda la humanidad en la diversidad. Ellos pueden mirar con ojos limpios el futuro y pueden hablar tan claro como nosotros si es que se lo proponen. Porque desean un mundo mejor, un mundo donde la convivencia pacífica se convierta en norma cotidiana. ¿Es tan difícil que nuestros actuales gobernantes comiencen a replantearse algunas cosas? ¿Es tan improbable la aceptación del otro como un “semejante”? ¿Es sólo una utopía, un sueño de locos, una idea de pocos, esto de la unidad en la diversidad?... Deben pensar un instante y mirar hacia atrás. ¿Qué hubiese sido de nosotros sin esa oleada inmigratoria de fines del siglo XIX y principios del XX? Pensemos en aquellas tremendas barreras culturales que debieron enfrentar nuestros bisabuelos. ¿Vale la pena, tomando ese ejemplo, seguir pensando en la diversidad cultural como algo ajeno, extraño y negativo para una sociedad? ¿Vale la pena seguir sosteniendo que el otro no tiene nada que pueda sernos de utilidad? ¿No será que su historia, al fin y al cabo, no es tan distinta de la nuestra? ¿No será que su comida, su ropa y su música son parecidas a las nuestras? Echen mano a ese don Divino y piensen, actúen racionalmente. No dejen que esta oportunidad de mejorar el mundo se les escape. No hagan de la diversidad cultural lo que muchas veces hemos hecho con el agua, a la que casi sin darnos cuenta dejamos escapar entre las manos…
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